miércoles, octubre 21, 2009

Prefacio del Recetario de Poemas de Venicia Chang

Cuenta su nieta que Doña Chefa siempre decía, que se necesita “sentido común y dos dedos de frente” para hacer bien las cosas. Hoy no sé si pondré estas dos cosas en práctica al escribir estas líneas pero intento hacer mi mejor esfuerzo para acompañar a mi amiga en esta aventura del “Recetario de Poemas”. Es un honor para mí, Veny.
Iniciaba la década de los 80’s cuando me mudé para La Villa de Los Santos. Mi madre había sido nombrada como Enfermera Jefe del Hospital Regional y buscaba un lugar tranquilo para desarrollar todos los sueños que la niñez envuelve. Tranquilo es un decir, ya que es un pueblo que en su silencio y aparente desolación -por el miedo a la insolación- hospeda en cada portal, en cada cocina, en cada estancia de intimidad, la efervescencia de la preparación de algún rito de tradiciones.

Ya sea la molienda de yuca para una masa de carimañola, las portaviandas de las menestras listas para repartir por la tarde, la sastrería de pantalones hechos a la medida (como la de mi Tío Nando), o la hamaca en el rancho interno del patio (como la de Mito) o simplemente una junta para echar cuentos y transmitir de esa manera las costumbres de un pueblo, para que no se pierdan de una generación a otra.

Leyendo el Recetario de Poemas de Venicia, me sorprende una vez más el cacho de las 9 por alguna calle de mi pueblo heroico o en algún barrio cercano de mi distrito, como Juana Prieta, cuando el transcurrir de las horas no alcanzaba para terminar los deberes que a los maestros de mi pueblo debía, como a Aurita Fajardo, mi primera maestra en La Nicanor.

Y qué del entorno festivo y de júbilo, cuando la iglesia de mi pueblo hacia un público homenaje al Cristo resucitado en la fiesta de Corpus. Y la añoranza que siento de esas comidas especiales de la fonda que ponía mi abuela Feliche.

Y los veranos, en que llenábamos los ríos con los barquitos de papel, en los que solíamos poner mensajes cuando nos íbamos en bicicleta para las huertas. Tantos recuerdos bonitos asociados a el ingrediente secreto “la miel de caña” que yo no puedo comer.

Así eras, y seguirás siendo en mi corazón, una gran agonía, por cada fiesta que no paso en tu regazo y una gran felicidad cuando piso tu suelo, cuando escucho tu himno, y dentro de mi repito, ¡Libertad, libertad, libertad!

A la madre (Vera) que dejé en tu tierra, a las hermanas de mi vida santeña (Zoraya, Zuleika y Larrisa), a las tías que aún tengo en la Calle Abajo (Noris, Reina), a mis primos (Los Ibañez) y todos mis amigos y amigas, los invito a conocer la historia del pueblo de una Abuela en feria, en fiestas patronales o en lo político fue ejemplo de Mujer Santeña. Viva Rufina Alfaro!

Lamed Lámbiz
15 de octubre de 2009

No hay comentarios.: